• Génesis 46: Breve resumen y comentario

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    Siguiendo con la misma historia (recuerden que el texto no tenía capítulos ni versículos originalmente), el sacerdote Jacob ofrece sacrificios en Beerseba, ¿a quién?, “al Dios de su padre Isaac” (v 1). Así también se le presentó Dios después: “Yo soy Dios, el Dios de tu padre” (v 3). Por consiguiente, el texto sigue enfatizando que aún no era el Dios de Jacob o que no lo había reconocido de esa manera, haciendo eco con la experiencia de Abraham. Anteriormente, estando Abraham en Beerseba también, el texto dice: “Y plantó Abraham un bosque en Beerseba e invocó allí el nombre de Jehová, el Dios eterno” (Génesis 21:33). La diferencia es que Abraham conocía e invocaba a Jehová, mientras que Jacob hacía ritos al Dios de su padre. El punto es que Jacob no lo invocaba por nombre y no lo relacionaba con Jehová. Esto no significa que se trata de dioses falsos, sino que había una distinción y también una semejanza en la Divinidad que aún no comprendía Jacob. Por ejemplo, en Génesis 21:33, Jehová es llamado ‘El Olam (Dios Eterno), ‘El siendo el nombre del Dios Padre, conocido en la cultura circunvecina. En hebreo, a Jacob se le dice: “Yo soy ‘El, el Dios de tu padre” (46:3). Así que no es solo que Jacob no mencionaba/invocaba a Jehová, sino que es posible que Jehová se estaba presentando como el Dios ‘El, un tipo de sincretismo, una práctica antigua de combinar nombres de dioses distintos para representar un dios con la autoridad del otro. El erudito bíblico, Lorens L. John, resume:

    “El uso de nombres combinados para deidades en Egipto es un tema complejo. No se trataba simplemente de una cuestión de traducción, ni se trataba de igualar o sustituir un dios por otro. Si bien tal combinación de nombres a menudo se ha tratado en el pasado como un ejemplo de sincretismo, la erudición reciente ha sugerido que la combinación o asociación de nombres representa en cambio la yuxtaposición de persona y función o la habitación de un dios por otro. A veces un nombre o identidad designa a la persona, o la presencia local de la deidad, mientras que el otro designa la función que la deidad cumple en un momento dado. Según Phillipe Derchain, esta relación es típicamente una relación vertical de dependencia en lugar de una horizontal en la que las dos identidades son equivalentes pero de orígenes diferentes. Aunque palabras como sincretismo e identificación se han utilizado para describir el fenómeno de la asociación de identidades divinas, solo pueden usarse con precaución y con el reconocimiento de que tales divinidades no eran equivalencias horizontales ni estaban completamente subsumidas entre sí”. Loren L. Johns, The Lamb Christology of the Apocalypse of John, WUNT II; (Tübingen, Germany: Mohr Siebeck, 2003) 26.

    En otras palabras, antiguamente, que un Dios como Jehová se haya presentado como el Dios Padre ‘El puede bien significar que uno (Jehová) cumplía la función del otro (el Dios Padre ‘El).

    Jacob desciende a Egipto con toda su familia (46:5-26). Contando a la familia de José, en total eran 70 personas (v 27). El número 70 simbolizaba a las naciones, como los setenta descendientes de Noé nombrados en Génesis 10.

    Dice el versículo 29 que José “se manifestó” (וַיֵּרָא אֵלָיו) a su padre. Después en Génesis 48:3, Jacob dirá: “El Dios Omnipotente se me apareció en Luz” (נִרְאָֽה־אֵלַי בְּלוּז; compárese con el comentario de Génesis 31). El verbo en hebreo para manifestarse y aparecerse de ambos pasajes, respectivamente, es el mismo (רָאָה). Dios se estaba dando a conocer a Jacob, poco a poco, tal como José se dio a conocer a su padre Jacob.