• Génesis 45: Breve resumen y comentario

  • Lean primero Génesis 45

    En la superficie (y continuando con el capítulo anterior), José solamente se da a conocer a sus hermanos (45:1-3). Les dice que había sido el plan de Dios, desde un principio, que fuera él a Egipto (vv 5-8). José les invita a venir a Egipto, a la tierra de Gosén, donde les promete dar alimentos (vv 9-13). Los abrazos y besos de estos hermanos muestran que estos hermanos, con su historia difícil, no guardaban rencor (vv 14-15). El Faraón aprueba o confirma lo que José les ofreció a sus hermanos y añade unos obsequios más (vv 16-20). Aunque José era como el “padre de Faraón” y “gobernador en toda la tierra” (v 8), él obedece y cumple lo que Faraón manda, dándoles a sus hermanos carros, víveres, cambios de ropa, dinero y asnos (vv 21-23). Los hermanos regresan con su padre y le dicen que José aún vive (vv 25-28).

    Como hemos visto en comentarios anteriores, el nombre de Jehová se empezó a usar menos y menos comenzando con la vida de Jacob/Israel. No saldrá Jehová de manera fuerte hasta el libro de Éxodo. Hay que recordar que la versión del texto que tenemos hoy en día refleja una composición tarde. Génesis, Éxodo, Levítico y Números reflejan una perspectiva. En cambio, Deuteronomio y los libros que siguen, proyectan otra. Estos datos se han interpretado de diferentes maneras. Mi punto es que el mensaje y tendencias literarias continúan de manera sutil, de Génesis a Números. De la misma manera en que Jacob y sus hijos básicamente dejaron de hablar de Jehová (véase comentario de Génesis 44), Jacob y sus hijos se habían olvidado de José. Vimos lo parecido entre José y la manera en que los autores del Nuevo Testamento representaron los hechos de la vida de Jesús, pero muchos no analizan lo parecido entre José (conocido y perdido) y Jehová (revelado y olvidado).

    Génesis 45:1 relata que José se dio “a conocer” a sus hermanos. En otras palabras, se reveló a ellos, y luego se quedaron “turbados” al escucharlo (45:3). Cuando Jacob, de joven, había tenido un sueño, el clamó: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (28:16). Había confusión (o falta de conocimiento) en ambos pasajes, los hermanos con José y Jacob con Jehová. Así siguió el testimonio de Jacob; hasta en una ocasión él dijo que la Deidad que le acompañaba era el Dios solamente de sus padres (y no de él): “Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, oh Jehová” (32:9). Los hermanos de José habían hablado con él ya varias veces y aún así no lo habían reconocido. Viéndolos “turbados”, él les dice directamente: “Yo soy … vuestro hermano” (45:4), después agregando que les daría una tierra: “Y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí” (45:10). Aunque Jacob no había hablado mucho de Jehová, el Dios de sus padre le había dicho algo casi similar a lo que José le dijo a sus hermanos: “Yo soy Jehová, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré” (28:13; compárese con 15:7). Jehová también se había revelado directamente a alguien y le había dado una tierra. Por ende, el texto deliberadamente hace que la historia de José refleje, en algunos aspectos, la misión de Jehová. Este tema seguirá hasta terminar el libro de Génesis.

    Por motivo de que Jehová no es mencionado para nada en este relato, su ausencia también conlleva un mensaje. José les explica a sus hermanos: “Dios me envió delante de vosotros” (45:7; cf. 37:14). Por lo tanto, el que vemos aquí representando simbólicamente a Jehova no fue enviado por Jehová, sino por el simple título de “Dios”, sin ninguna palabra explicativa. (Un maestro de la Biblia una vez me quiso decir que si el texto dice “Dios” que no puede ser nadie más que Jehová y no hay vuelta de hoja. Yo le dije que la palabra más común en el Antiguo Testamento para la palabra, “dios”, es ‘elohim en hebreo (אֱלֹהִים) y se usa para Jehová y dioses/diosas falsas [1 Reyes 11:33], e incluso para hombres [Éx 7:1]. Yo le pregunté cómo puede significar solamente Jehová si la misma palabra se usa para muchos otros personajes. Él no tenía respuesta.) Hago hincapié en que aquí solo se usa el título “Dios” porque el texto relaciona esto que fue dicho por José, a lo que había pasado entre Jacob y José en Génesis 37:

    “Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem. Ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí. Y él le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió” (37:13-14).

    Tal como Dios le había enviado a José, su padre Israel le había enviado también (véase comentario de Génesis 49). Esto se conecta con la misión de José “para preservación de vida” (45:5) o “…para daros … gran liberación” (v 7). Aunque la palabra no es la misma en hebreo, la idea se repite, dicha por Jacob, al final de su vida, la siguiente y última vez que usa aquel nombre sagrado: “Tu salvación he esperado, oh Jehová” (49:18). Esto vuelve a surgir cuando Jehová aparece en Éxodo. Jehová mismo le dice a Moisés: “Y he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena” (Éxodo 3:8). El autor del texto quiso relacionar la ayuda en la historia de José con la de Jehová, incluso la promesa de una tierra. Tal como José había sido enviado, así también lo había sido Jehová, si prestamos atención a los detalles. El concepto de que Jehová fue enviado o que fue un mensajero lo vemos en Éxodo y la liberación del pueblo de Israel. Primero leemos:”Y Jehová iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos” (Éxodo 13:21-22). Al progresar el relato, el texto dice: “Y el ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas” (Éxodo 14:19). ¿Quién iba delante del pueblo? El texto no dice que había dos seres presentes, sino indica que Jehová es el Ángel/Mensajero de Dios (como vimos en el comentario de Génesis 31; compárese con el comentario de Génesis 48).

    Tomando esto en cuenta, vemos que José les declara a sus hermanos: “Dios … me ha puesto por padre de Faraón, y señor”, y “por gobernador en toda la tierra” (Génesis 45:8). Es importante analizar la diferencia entre ambos títulos, “padre” y “señor”. José no era literalmente el padre de Faraón. José tenía su propio padre: “Daos prisa, id a mi padre” (45:9). Sin embargo, José sí había llegado a ser el “señor en toda la tierra de Egipto” (45:26). De igual manera, estos roles los había recibido de Dios: “Dios, que me ha puesto por padre” (45:8) y “Dios me ha puesto por señor de todo” (v 9). En el Nuevo Testamento, Pedro parece explicar lo mismo al identificar a Jesucristo como el “Señor (Jehová)” y también el “señor” (con minúscula) de Salmos 110:1 (Hechos 2:34-35): “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor [Jehová] y Cristo” (Hechos 2:26). El rol de “señor” lo vimos empezando con Abram: “Y respondió Abram: Señor Jehová” (Gén 15:2). El de padre lo veremos muy poco después, en otros libros, pero siempre y solamente en relación con los hijos de Israel, no el mundo entero (Deuteronomio 14:1-2; 32:6; Isaías 63:16; 64:8). Entender estos roles que se le dieron a José, y por ende a Jehová, nos ayudará a comprender pasajes del Libro de Mormón cuando dicen: “…la redención viene por medio de Cristo el Señor, que es el verdadero Padre Eterno” (Mosíah 16:15). Cristo es Dios, desempeñando los roles de “padre” y “señor” (cf. Isaías 9:6).

    José habla de “toda [su] gloria” (Génesis 45:13) y uno de los enfoques del libro de Éxodo es la gloria de Jehová (Éxodo 16:7; 24:17; 29:43; 40:34-35). Teniendo la autoridad que recibió, José les manda a sus hermanos: “No riñáis por el camino” (Génesis 45:24). Gran parte de los siguientes libros se tratarán de los mandamientos de Jehová, para el pueblo de Israel. Hay varias pistas que relacionan la vida de José con la presencia de Jehová con su pueblo.

    En lo que tenemos en el Antiguo Testamento, lo que menos se compara es la idea de que, de cierta manera, José volvió a vivir: “José vive aún y el es señor en toda la tierra de Egipto” (45:26). Para su padre y sus hermanos, él había estado muerto (42:38; 44:20). Era como si él se hubiera revivido como señor de la tierra y el que les iba dar vida (alimentos). Eruditos años atrás relacionaron la frase “Viva Jehová” (Salmos 18:46) con la antigua creencia del dios Baal que moría y resucitaba a menudo (S. H. Hooke, ed. Myth, Ritual, and Kingship, [Oxford: Oxford Clarenden Press, 1958], 191-194; cf Salmos 35:23; 44:23; 59:3; 78:61). En otras palabras, para afirmar que en verdad Jehová resucitaría como lo profesaba falsamente Baal, se afirmaba que “vive Jehova” (1 Reyes 17:1; 2 Reyes 2:2; Jeremías 16:15; Oseas 4:15). Son detalles antiguos de la creencia de que Jehová también moriría y resucitaría. Desafortunadamente, el Antiguo Testamento no lo dice explícitamente.

    En resumen, José no era reconocido, aunque sabían de él. Igual, Jehová estaba con ellos, aunque lo llamaban (o identificaban) de otra manera.