• Génesis 39: Breve resumen y comentario

  • Lean primero Génesis 39

    El versículo 1 dice que Potifar “compró [a José] de manos de los ismaelitas que lo habían llevado allá”, aunque Génesis 37:36 dice que “los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar”. Es evidente que había dos relatos distintos que se juntaron aquí en el libro de Génesis, como hemos visto en otros casos anteriormente. Muchos intentan reconciliar las diferencias diciendo que ambos grupos lo vendieron a Potifar pero la Escritura no dice eso. El tema de distintos textos fuentes de ninguna manera desacredita lo sagrado de la Escritura.

    En la historia de José (como veremos con Daniel y Ester), no es malo participar en cargos políticos o gubernamentales, como algunos cristianos afirman (39:4, 22). En una ocasión estaba estudiando la Biblia con algunos predicadores que me querían enseñar que todo gobierno es de Satanás y que hasta votar es pecado. Yo les pregunté por qué José y Daniel habían aceptado los puestos que se les habían dado en sus gobiernos respectivos y solo me contestó uno: “También me he hecho esa misma pregunta”. Y no dijo nada más.

    Potifar “dejó todo lo que tenía en manos de José” (v 6), pero el hebreo sirviente afirmó a la esposa de su amo: “[N]inguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su esposa” (v 9). En la cultura antigua (aunque los teólogos no lo quieran aceptar), había otras costumbres de castidad. Lo malo era acostarse con alguien casado (como la esposa de Potifar). Hay casos, como el de Judá, donde un hombre podía irse con otra mujer y no recibir ningún castigo (Gén 38). Hasta el patriarca Abram quiso pasar a su esposa por hermana y así dejar que el Faraón se la llevara por un tiempo (12:14-16). Después de enterarse que estaban casados, Faraón reclama: “¿Por qué no me declaraste que era tu esposa?” (12:18). De otra manera, no habría pasado nada. Sin embargo, vimos que los hermanos de Dina no soportaron que ella fuera deshonrada (Gén 34). Aún así, el texto dice que Dina había sido deshonrada (34:5), mientras que José dijo que acostarse con una mujer casada sería un “gran mal y [pecado] contra Dios” (39:9), una obvia diferencia: deshonrar a la mujer o pecar contra Dios. Esto puede ser difícil de comprender para los que quieren sanatizar la Biblia. Pero, una vez más, es importante leer una escritura antigua en su contexto antiguo. Recuerden que estoy hablando de cultura en la que vivían solamente, no de las leyes de Dios.

    Del mismo modo de que José había sido hecho mayordomo de la casa de Potifar y se le había puesto en sus manos todo lo que Potifar tenía (39:4, 8), una vez echado a la cárcel, “el jefe de la cárcel entregó en manos de José a todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía” (v 22). Quiero recalcar, como lo hice en el comentario sobre Génesis 24:2, que para los antiguos uno podía estar sobre todo y hasta se podría decir que todo “lo hacía”, pero aún así había alguien más arriba con más poder. Aunque José había sido el encargado, el que tomaba todas la decisiones, trabajó primero bajo Potifar y luego el jefe de la cárcel. También del Verbo se dice que había hecho todo: “Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho” (Juan 1:3).