• Génesis 38: Breve resumen y comentario

  • Lean primero Génesis 38

    Ya habíamos visto los pecados de otros hijos de Lea: Rubén (35:22), Simeón y Leví (34:25, 30). Ahora le toca a Judá.

    De acuerdo con la ley del levirato (Deut 25:5-10), si un hermano moría sin hijos su hermano tenía que tomar a la cuñada viuda y tener un hijo con ella para el hermano difunto (Gén 38:8). No se sabe si tenían esta ley en el tiempo de Judá o si los autores simplemente incluyeron este detalle para reflejar la futura ley que recibiría el pueblo de Israel. Aunque es escritura de Dios, es difícil saber qué en verdad pasó y cuáles detalles vienen del autor. A muchos cristianos se les olvida que nos sale la imperfección humana aun cuando estamos cumpliendo con un mandamiento de Dios. Los autores bíblicos fueron inspirados a escribir pero se les salen sus tendencias e inclinaciones. Esto de ninguna manera limita el poder de Dios para cambiarnos la vida a través de la Biblia.

    Los versículo 7 y 10 dicen que Jehová mató a estos hijos de Judá por desagrado. Uno podría preguntarse por qué no sigue quitándoles la vida a los pecadores malintencionados. Este concepto se puede entender de varias maneras. Es posible que la gente dura de antigüedad necesitaba que Jehová se manifestara así  a ellos en esa época. También puede ser que las personas fallecían y aquellos que les rodeaban interpretan los hechos como obra de Jehová. El punto de este relato es que Tamar, nuera de Judá, se quedó sin esposo y sin hijos.

    Judá tenía un hijo más pero nunca se lo dio a Tamar por esposo (38:11, 14). Tamar logra engañar a su suegro y tuvo no solo uno sino dos hijos de él (v 27).

    Eso de que uno de los hijos saca la mano y la vuelve a meter antes de nacer parece claramente indicar que el autor se tomó licencias literarias (vv 28-30).

    Los que se esforzaron por incluir el nacimiento de Fares (v 29) sabían que era el antepasado del rey David (Rut 4:18-20). Podemos deducir que la razón principal de este relato es mostrar la genealogía del linaje de David. Por ser de la casa de Judá y particularmente familia de David, Jesús mismo fue descendiente de Tamar (y Fares; Mat 1:3).

    Este detalle genealógico también muestra que este relato fue escrito siglos después de los hechos, por alguien que sabía del rey David. Muchos teólogos afirmará que todos esto detalles eran proféticos, incluyendo información que se había cumplido. Aunque esto no es imposible, el texto no lo dice y las pistas que nos dan señalan a una composición posterior.