• Éxodo 3: Breve comentario

  • Éxodo 3:

    1 Y apacentando Moisés las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas más allá del desierto y llegó a Horeb, monte de Dios.

    Aquí vemos otro nombre para el suegro de Moisés (compárese con Éx 2:18 y Jueces 4:11).

    Llevar “las ovejas más allá del desierto” presagia la futura liberación de los israelitas también al “monte de Dios” (Éx 18:5).

    Es la segunda ocasión que el suegro de Moisés es identificado como “sacerdote”  (cf. Éx 2:16). El autor quiere establecer la importancia del sacerdocio en el libro de Éxodo.

    Otra indicación de diferentes textos fuentes o tradiciones son los distintos nombre para este monte. Aquí se llama Horeb pero en otros lugares se llama Sinaí. Este monte, aunque famoso, no se ha ubicado con ninguna exactitud. Varios han propuesto y defendido muchos lugares. Su ubicación sigue siendo un tema de debate. Mientras que muchos critican las muchas propuestas para los sitios mencionados en el Libro de Mormón, se encuentran con el mismo dilema con algunos lugares de la Biblia. No tener información acertada sobre un lugar no significa que no haya existido.

    Por motivo de que “elohim” (Dios) viene de una raíz que significa “poderoso”, “monte de Dios” puede traducirse como “gran monte” o “monte de poder” (הַר הָאֱלֹהִים). Por ejemplo, en Éxodo 9:28 donde la versión Reina Valera 2009 dice “los truenos de Dios”, la Reina Valera Gómez lo traduce como “los grandes truenos”. En inglés, algunos omiten la palabra (NIV) o la traducen como terrifying (“terrible”; NLT) y mighty (“fuerte”; KJV). En las Escrituras de la restauración, tenemos ejemplos de la expresión: “una montaña extremadamente alta” (1 Nefi 11:1; Moisés 1:1). Es muy posible que estas frases se puedan traducir también como “monte de Dios”, indicando un lugar santo, tipo templo. Lo que se ha traducido como “extremadamente alta” podrá ser “elohim” en hebreo.

    2 Y se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró y vio que la zarza ardía en fuego, mas la zarza no se consumía. 3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta gran maravilla, por qué causa la zarza no se quema.

    Como vimos en Génesis, la identificación del “ángel de Jehová” es un tema de muchas opiniones basadas en muchos estudios. En Génesis, vimos una diferencia entre el “ángel de Jehová” y “el ángel de ‘Elohim” (o sea, Dios). El contexto rinde varias perspectivas. Entre algunas opiniones sobre el “ángel” (sin hacer distinción), se ha propuesto que es 1) la presencia corporal de Dios (Michael Heiser), es 2) una identificación de Jehová como mensajero de Dios (Margaret Barker) o es 3) simplemente un mensajero. Veremos una exégesis sobre el número (2) en los capítulos 13 y 14 de Éxodo. En Éxodo 23 veremos un ángel que parece representar el concepto antiguo de un virrey, otorgado todo el poder de su amo. Cada caso se debe ver por sí solo. Esteban dijo que a Moisés “un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza que ardía”, sin ninguna indicación de que si fue el Padre o el Hijo (Hechos 7:30). Esto es importante, ya que muchas teoría que existen, de que el ángel es Jesús el Hijo, no es mencionada ninguna vez por los autores del Nuevo Testamento.

    En la Traducción de José Smith dice “la presencia de Jehová”, en lugar de decir el ángel de Jehová (v.2).

    Lo llamativo no era la zarza en sí, de hecho era un planta insignificante a comparación de otros árboles, ni tampoco era llamativo que ardiera teniendo en cuenta el calor del desierto, pero sí el hecho de que no se consumiera. Dios tiende a atraer nuestra atención durante nuestra rutina con tal de atraernos a un encuentro con Su presencia.

    ¿Por qué fuego? En Deuteronomio 4:24 dice que “Jehová tu Dios es fuego consumidor” (compárese con Deut 5:4). En el relato que dio el apóstol Orson Pratt en 1840 de la Primera Visión, él explicó que José Smith, al ver la luz descender en la arboleda, esperaba ver que las hojas de los árboles se consumieran. De acuerdo con la Biblia y experiencias modernas, no hay razón para criticar a José Smith cuando en un sermón de abril 1844 el dijo que “Dios mora en el fuego eterno”.

    4 Y viendo Jehová que él iba a mirar, lo llamó Dios de en medio de la zarza y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

    Se ha notado que aquí parece haber la fusión de dos textos. Uno pudo haber dicho: “Y viendo Jehová que él iba a mirar, dijo…” y el otro: “Lo llamó Dios de en medio de la zarza y dijo…”. Esto es muy posible pero puede ver una razón por la que menciona dos acciones distintas (una de ver y otra de llamar) asociadas cada una con los dos títulos divinos: Jehová y Dios (Yahvé y ‘Elohim). Los dos títulos/nombres podrán indicar la unión y distinción entre Jehová y Dios el Padre. Esto veremos más a fondo en el versículo 15 abajo. Viendo esta posibilidad de ver a dos Seres Divinos, la traducción antigua al griego, la Septuaginta cambió “Dios” por “Señor” para que dijera: “Y, cuando vio el Señor que se acercaba a ver, llamándole el Señor, desde la zarza, diciendo” (LXX Éx 3:4). No querían que hubiera la posibilidad de que fuera interpretado como dos Seres Divinos.

    5 Y dijo: No te acerques acá; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás tierra santa es. 6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

    En este momento, cualquiera haya sido la razón, se le dijo a Moisés que no se acercara. Aunque el verbo es distinto (en hebreo y español), luego se le dice a Moisés que suba ante Jehová (Éx 24:1).

    La costumbre de quitarse el calzado (en este caso sandalias) era común en el Cercano Oriente cuando se trataba de entrar a un lugar sagrado (v.5). En este caso puntual, este lugar no era un santuario, sino que era santo por causa de la presencia de Dios, quien se presenta a sí mismo como el Dios de sus antepasados (v.6). Sin embargo, en el antiguo Cercano Oriente, los montes se consideraban las moradas de los dioses. Vemos esta creencia en Deuteronomio: “Y dijo: Jehová vino de Sinaí, y de Seir los alumbró; resplandeció desde el monte Parán y vino de entre diez millares de santos, y a su diestra la ley de fuego para ellos” (Deut 33:2). En el Antiguo Testamento, los santos, igual que los ángeles, eran seres de las cortes celestiales que moraban en los cielos (cf. Sal 89:5-7).

    Esta es la primera vez que vemos el nombre explicativo completo: “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. En el comentario sobre Génesis, vimos que Jacob había prometido aceptar a Jehová como su Dios, explícitamente (Gén 28:20-21). Sin embargo, el nombre de Jehová casi desaparece hasta que al final del libro Jacob por fin dice: “Tu salvación he esperado, oh Jehová” (Gén 49:18). Ahora, de acuerdo con el versículo 3, ‘Elohim está hablando mientras que Jehová se quedo mirando solamente. Viéndolo así, es posible ver que el texto intercambia de manera particular entre ambos títulos divinos. Pero el hecho de que aquí vemos por primera vez el título explicativo con los tres nombres (Abraham, Isaac y Jacob) puede indicar un papel completo de Jehová, que vimos al final de Génesis.

    7 Y dijo Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues conozco sus angustias. 8 Y he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha llegado ante mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10 Ve, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel.

    Mientras que Dios (de manera ambigua) había hablado en los versículos 4 a 6, el versículo 7 hace hincapié en que Jehová está hablando aquí. Podemos deducir dos posibilidades. Puede ser que sea solo Jehová que esté hablando de acuerdo con la mayoría de las tradiciones. O, puede ser que Jehová esté con el ‘Elohim Padre. También es posible que Jehová, a través de la Investidura Divina, esté hablando e intercambiando entre su propias palabras y las del Padre.

    En este pasaje, Jehová se manifiesta a sí mismo como un Dios compasivo. No solamente provee de un plan para la liberación de Su pueblo, sino también un destino donde podrían vivir en prosperidad y abundancia. La expresión “tierra que fluye leche y miel” (v.8) hace referencia a una tierra llena de pastos y flores, que además era más extensa que la región donde habitaban los hebreos dentro del Imperio egipcio. Describe un paraíso, como el de Edén. El propósito de Dios es llevarnos de regreso ha ese lugar santo.

    En la versión griega (la Septuaginta), el verbo para “enviar” lleva la misma raíz de la palabra “apóstol” (ἀπόστολος). “Apóstol” significa en griego “aquel que ha sido enviado”: “te enviaré”; ἀποστείλω σε.

    11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón y saque de Egipto a los hijos de Israel?

    Cuarenta años antes de este acontecimiento, Moisés buscó ser el libertador de su pueblo matando a un capataz egipcio, pero esto no resultó (de esto podemos concluir que no tiene sentido combatir al mundo con lo que se nos enseña en el mundo). En esta ocasión, después de cuarenta años de haber sido procesado habitando en medio de pastores y nómadas ajenos a los lujos de un palacio, su carácter era diferente y su humildad mucho mayor, estaba mejor preparado para que en su debilidad se manifieste el poder de Cristo.

    12 Y él le respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. 13 Y dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé? 14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros. 15 Y además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de mí por todos los siglos.

    Es notable que el texto aquí no indica quién está hablando (o en otras palabras, no está identificado con ningún título divino. No dice si es Dios ‘Elohim (como en el versículo 4) o Jehová (como en el versículo 7). Pero sí habla del título “Dios” en tercera persona como si fuera otro personaje. “Y él le respondió: … Serviréis a Dios” (ver 12). Mucho consideran este y otros casos simplemente como ejemplos de iliesmo (la práctica de hablar de uno mismo en tercera persona). Sin embargo, el libro de Moisés, en la Perla de Gran Precio, nos puede revelar más (vea abajo).

    Una vez que Moisés hace su pregunta del nombre de Dios, el texto es directo en el versículo 14: “Y respondió [‘Elohim] a Moisés”. Recuerden que en hebreo, en el Antiguo Testamento, el título ‘elohim no se le aplica a ningún ser en particular. De igual manera, vemos algo en el versículo 15.

    La revelación de un nombre (v.14-15) era fundamental en la mentalidad semítica, debido a que eso denotaba de naturaleza y la identidad de la Deidad que se estaba manifestando. Con las enseñanzas de la Restauración, podemos deducir que Jehová está hablando (como se cree comúnmente) pero que está hablando las palabras del Padre. Joseph Fielding Smith escribió: “Toda revelación desde la Caída ha venido por medio de Jesucristo, quien es el Jehová del Antiguo Testamento… Él es el Dios de Israel, el Santo de Israel, el que sacó a aquella nación de su cautiverio en Egipto y el que dio y cumplió la Ley de Moisés. El Padre nunca trató directa o personalmente con el hombre después de la Caída, y nunca se ha mostrado a no ser para presentar y dar testimonio del Hijo” (Doctrina de Salvación, comp. Bruce R. McConkie, 3 tomos, tomo I, pág. 25). Si aplicamos esta verdad al versículo 15, entendemos que el Padre (por medio de Jehová) le está diciendo a Moisés que dirá que Jehová es “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Es como sí el Padre (por medio de Jehová) le está declarando la Investidura Divina de Jehová con las siguientes palabras: “Este es mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de mí por todos los siglos”. “Nombre” no solo significa una denominación sino también poder y autoridad. “Jehová” sería el nombre pero también la autoridad de Dios. Por medio de este nombre, poder y autoridad se haría memoria de Dios ‘Elohim. Jehová es distinto al Dios que está hablando; uno hace memoria del otro. En el libro de Moisés nos da un detalle que parece ir de la mano con este relato y pasaje en particular. En Moisés 1:17 añade: “Y también me dio mandamientos cuando me habló desde la zarza que ardía, diciendo: Invoca a Dios en el nombre de mi Unigénito y adórame”.

    Éxodo 3:15
    Y además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de mí por todos los siglos.
    Moisés 1:16b-17
    Dios me dijo: Eres a semejanza de mi Unigénito. Y también me dio mandamientos cuando me habló desde la zarza que ardía, diciendo: Invoca a Dios en el nombre de mi Unigénito y adórame.

    Lo que vemos en el libro Moisés es que el Hijo, hablando las palabras del Padre, le dice que Moisés es semejante al Unigénito donde Éxodo dice que Moisés ha sido enviado por Dios. El Unigénito también fue enviado: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito…” (Juan 3:16). Sabemos que en Moisés se está haciendo referencia a la conversación de Éxodo 3 porque Moisés dice: “…me habló desde la zarza que ardía” (Moisés 1:17; cf. Éx 3:2-3). Lo que sigue es el punto fuerte. Donde Éxodo dice que el nombre que hace memoria de Dios es “Yo Soy”, “Jehová”, “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”, para recordar a Dios (el Padre), Moisés dice: “Invoca a Dios en el nombre de mi Unigénito y adórame”. El Unigénito es el “Yo Soy”, “Jehová”, “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.

    16 Ve, y reúne a los ancianos de Israel y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: De cierto os he visitado y he visto lo que se os hace en Egipto; 17 y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, y del heteo, y del amorreo, y del ferezeo, y del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel. 18 Y oirán tu voz; e irás tú con los ancianos de Israel al rey de Egipto, y le diréis: Jehová, el Dios de los hebreos, ha venido a nuestro encuentro; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para ofrecer sacrificios a Jehová nuestro Dios.

    Se le repite que es el nombre de Jehová que debe presentar, no el “Yo Soy”. Le son revelados a Moisés más detalles sobre su misión (v.16), claramente debe pasar por los jefes de la nación de Israel (la palabra “anciano” no necesariamente hace referencia a la edad, sino a la autoridad). En este sentido, se puede apreciar cómo los profetas no trabajan solos, sino que cumplen con su misión de forma corporativa. El sello de todo siervo de Dios es llevar al pueblo a la adoración (v.18). Poder “ofrecer sacrificios” implica que este pueblo ya tenía un sacerdocio. Veremos que el sacerdocio de Moisés es mayor al de los israelitas en Egipto.

    19 Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir si no es por mano fuerte. 20 Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. 21 Y yo daré a este pueblo gracia ante los ojos de los egipcios, para que cuando partáis no salgáis con las manos vacías, 22 sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huéspeda objetos de plata, objetos de oro y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; así despojaréis a Egipto.

    Efectivamente, Dios tenía previsto que Faraón iba a resistir (v.19), pero esto era parte de Sus propósitos (v.20). Veremos que lenguaje de que Jehová endureció el corazón del Faraón (4:21) no apoya el concepto reformista de la predestinación sino muestra que el Faraón endureció su propio corazón al ver las señas producidas por Dios.

    En los dos versículos siguientes vemos como al final los antiguos opresores de los hebreos terminan contribuyendo a la liberación del pueblo de Dios.