• Éxodo 1: Breve comentario

  • 1 Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia: 2 Rubén, Simeón, Leví y Judá; 3 Isacar, Zabulón y Benjamín; 4 Dan, y Neftalí, Gad y Aser. 5 Y todas las almas de los que salieron de los lomos de Jacob fueron setenta. Y José ya estaba en Egipto. 6 Y murieron José y todos sus hermanos y toda aquella generación. 

    En los versículos 1 al 4 vemos una lista de los hijos de Jacob que ingresaron a la tierra de Egipto. Como se ve en Génesis 10 y 46, el número 70 significa completo (similar a 7), aunque sabemos que es posible que no eran 70 exactamente porque la hija Dina es omitida (Gén 34). De hecho, si bien en el Texto Masorético (utilizado para traducir el Antiguo Testamento en la Reina-Valera) en la Septuaginta griega (un texto de mayor antigüedad) dice que eran 75.

    7 Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y la tierra se llenó de ellos. 

    Estando ya en Egipto, los israelitas cumplieron el mandato a Adán y a Eva de fructificar y multiplicarse (v.7), como también fueron parte del cumplimiento de la promesa hecha a Abraham (Gén 22:17). La tierra que se llenó de ellos es la región de Gosén (Gén 47:11) y seguramente la milagrosa multiplicación que vivieron era no solamente gracias a las bendiciones de Dios, sino también por las condiciones climáticas y geográficas altamente favorables de Egipto, siendo una de las naciones más prosperas de aquel entonces, principalmente gracias al río Nilo.

    8 Entretanto se levantó un nuevo rey sobre Egipto que no conocía a José, 9 el cual dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. 10 Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que, en caso de guerra, él también se una a nuestros enemigos, y pelee contra nosotros y se vaya de esta tierra.

    Sabemos que Egipto se gobernaba por faraones, no reyes. Por lo tanto, es posible que decir que “se levantó un nuevo rey sobre Egipto” se refiera a una dinastía y no un gobernante en particular. Estudios históricos de Egipto han descubierto que había una invasión semítica (descendientes de Sem; Gén 5:32) en Egipto por los denominados hicsos. Alguno han argumentado que es posible que estos hicsos, que eran invasores de origen asiático, son los que recibieron a Jacob con brazos abiertos, y que los que vinieron después son los que no conocieron a José, o sea, egipcios nativos con un gran fervor nacionalista. No obstante, la fecha del éxodo ha sido debatida por siglos sin llegar a ninguna determinación exacta. Es posible que este nuevo rey o dinastía fuera la derrota de los hicsos, pero no se puede saber con exactitud. Si esta hipótesis es correcta, entonces los egipcios sentirían una gran desconfianza hacia los hebreos por haber sido favorecidos por sus antiguos conquistadores, lo cual parece notarse en el discurso del nuevo gobernante.

    11 Entonces pusieron sobre ellos capataces que los oprimiesen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés. 12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de modo que los egipcios estaban fastidiados con los hijos de Israel. 13 Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, 14 y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor.

    Vemos como los egipcios buscaban quebrantar el espíritu de los hebreos, sin embargo, estas medidas no daban resultado. Las tareas de “hacer barro y ladrillo”, junto con “toda labor del campo” eran no solo agotadoras sino también mortales teniendo en cuenta que el calor del desierto egipcio podía hacer estragos en la salud de cualquier obrero (de hecho está registrado que en el siglo XIX se intentó construir un canal y las muertes de los trabajadores fueron decenas de miles), además que eran labores que se hacían durante todo el año. Bien podríamos usar este capítulo como un caso práctico parecido al del pueblo del Libro de Mormón. Tenemos este relato preservado en Éxodo pero no parece haber ningún respaldo arqueológico. En el caso del Libro de Mormón, la Escritura nos nuestra señales de que refleja un pueblo antiguo que originó en el Viejo Mundo pero vemos aspectos de la América antigua. Sin embargo aún no tenemos detalles exactos (como nombres) que se han descubierto en las Américas. De la misma manera, a pesar de algunos documentales extremistas, Egipto no muestra ningún rasgo de la presencia de los antiguos israelitas, con fecha del Éxodo. No solo eso, sino que la ciudad Pitón no se ha descubierto con exactitud (v.11). Si ha leído o escuchado que se ha identificado, solo necesita leer o escuchar más para enterarse que otros han propuesto otros lugares. Si fuera descubierta aquella ciudad, no habría tantas propuestas para su ubicación. Por ejemplo, muchos postulan que E. Naville descubrió Pitón en 1883 y que es Patumos, mientras otros todavía argumentan que es Tel El Maskhuta o Tel El Retabeh. Por lo tanto, ¿descartamos la historicidad de este relato tal como algunos hacen con el Libro de Mormón? Eso sería apoyar un doble moral. El caso de Ramesés es diferente, aunque hay un lugar de preferencia, los que argumentan un éxodo temprano dicen que su ubicación refute un éxodo tardío, y viceversa.

    15 Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra y la otra Fúa, 16 y les dijo: Cuando asistáis a las hebreas en sus partos y miréis sobre el lecho de parto, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces que viva. 

    Ser nombrados “hebreos” muestra una tradición antigua cuando los israelitas eran llamados, por otros, con un término usado para los pueblos cercanos semíticos (de los cuales precedieron los israelitas). También los nombres “Sifra” y “Fúa” podrán interpretarse como los vestigios de una tradición oral, y que tal vez no se acordaban de ningún otro nombre más que aquellos dos (v.15). Estos detallitos podrán reflejar aquel registro oral tan conocido en el antiguo Cercano Oriente. El lecho de parto eran dos piedras sobre las cuales se asistía a la madre a punto de dar a luz. La idea de matar a los varones era común en todo el mundo pagano, pero al hacerlo masivamente se buscaba eliminar al potencial enemigo dentro de las fronteras a la vez que se pretendía tener un gran caudal de esclavas, o sea, las hijas de los hebreos.

    Dos parteras mencionadas nos se puede explicar de dos maneras. Que las dos representan un grupo y que solo sus nombres fueron recordados o que sí eran dos y que en verdad el pueblo era más pequeño. Dos parteras da lugar a apoyar el hecho de que los número en Éxodo son exagerados, o sea, que es muy imposible que haya habido 600.000 israelitas en Egipto. En otras palabras, solo había dos parteras porque en verdad era un pueblo más pequeño y verosímil.

    17 Mas las parteras temieron a Dios y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. 18 Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños? 19 Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues son robustas y dan a luz antes que la partera venga a ellas. 20 Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. 21 Y sucedió que, por haber las parteras temido a Dios, él les hizo casas. 22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida.

    Estas parteras tuvieron que haber conocido a Dios para poderlo temer (v.17). No sabemos su origen étnico. ¿Eran egipcias, descendientes del pueblo hicso o israelita? No lo sabemos. Su historia y conocimiento de Dios seguramente tiene su historia, la cual no tenemos. Así con las Escrituras antiguas. No siempre tenemos todos los detalles.

    El hecho de que las mujeres fueran robustas era común en Medio Oriente y hasta hoy se ve en las mujeres árabes, por lo tanto no necesitaban mucha ayuda y eso explicaría porque solo había dos parteras para todo el pueblo hebreo (si así interpretamos el texto). Estas parteras fueron bendecidas por Dios (v.21) a través de una expresión que también se halla de modo similar en Rut 4:11, 2 Sam 7:11 y 2 Sam 7:27, haciendo referencia a su posteridad. Finalmente, es tal la indignación del rey que decide ordenarle a su pueblo que se encarguen ellos mismos de asesinar a los varones hebreos, aunque considerando el número de israelitas que salieron de Egipto varias generaciones después, seguramente esa orden no duró demasiado.