• Antiguo Testamento Lección #05

  • Un resumen del manual:

    LECCIÓN 5

    “Si haces lo bueno, serás aceptado” (Moisés 5-7)

    Objetivo

    Que los miembros de la clase comprendan que la decisión de seguir a Jesucristo brinda libertad, felicidad y vida eterna, mientras que el seguir a Satanás nos trae desdicha y cautividad.

    1. Moisés 5:16–41. Caín ama a Satanás más que a Dios y obedece el mandato de Satanás de hacer una ofrenda al Señor (5:16–19). El Señor rechaza la ofrenda de Caín y le manda arrepentirse (5:20–25). Caín hace convenios con Satanás y mata a Abel (5:26–33). El Señor maldice a Caín y lo destierra de Su presencia (5:34–41).
    2. Moisés 6:26–63. El Señor llama a Enoc, descendiente de Adán en la sexta generación, para que predique el arrepentimiento al pueblo (6:26–36). Enoc obedece el mandamiento del Señor y enseña a la gente (6:37–63).
    3. Moisés 7:13, 17–21, 23–47, 68–69. La fe de Enoc es tan grande que las montañas se retiran, los ríos cambian su curso y todas las naciones sienten gran temor (7:13, 17). El Señor y Enoc lloran al ver las iniquidades de la gente de la tierra (7:23–47). El pueblo de la ciudad de Enoc es uno en corazón y voluntad con el Señor y la ciudad entera es llevada a los cielos (7:18–21, 68–69).

    El profeta José Smith enseñó: “Abel ofreció a Dios un sacrificio aceptable de las primicias del rebaño. Caín ofreció del fruto de la tierra, y no fue aceptado porque no pudo hacerlo con fe… La expiación a favor del hombre debe ser el derramamiento de la sangre del Unigénito… el plan de redención… y en vista de que se instituyó el sacrificio como tipo o modelo mediante el cual el hombre habría de discernir el gran Sacrificio que Dios había preparado, era imposible ejercer la fe en un sacrificio contrario, porque la redención no se logró de esa manera… Por consiguiente, Caín no pudo haber tenido fe, y lo que no se hace por la fe es pecado” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 63).

    El obispo Robert L. Simpson dijo: “Actualmente, el mundo os dice que dejéis solo a vuestro amigo, que tiene el derecho de ir y venir como le plazca. El mundo os dice que la persuasión para asistir a la Iglesia, a una reunión del sacerdocio o a deshacerse de un hábito malo podría llevar a la frustración y a presiones excesivas; pero de nuevo repito la palabra del Señor: Sois guarda de vuestro hermano, y vosotros, una vez [convertidos], tenéis la obligación de confirmar a vuestro hermano” (véase “Confirma a tus hermanos”, Liahona, noviembre de 1972, pág. 19).

    Caín escogió seguir a Satanás y enseñó sus prácticas malignas a sus hijos y a sus seguidores. Como resultado, sus descendientes crecieron en la iniquidad y Dios los maldijo por su maldad. Por otro lado, Enoc escogió seguir al Señor y como consecuencia de su obediencia y de la enseñanza del Evangelio a quienes quisieron escucharlo, toda la ciudad se volvió tan íntegra que la llevaron de la tierra para morar con Dios.

    Aun cuando Adán y Eva enseñaron el Evangelio a sus hijos (Moisés 5:12), Caín y algunos otros escogieron vivir en la iniquidad

    El élder Richard G. Scott aconsejó:

    “…muchos de vosotros tenéis el corazón agobiado porque uno de vuestros hijos, vuestra esposa o vuestro marido se han apartado de lo que es correcto para seguir el camino equivocado. Mi mensaje es para vosotros.

    “Sé que os sentís angustiados, doloridos y a veces desesperados. Yo os diré cómo podéis recibir consuelo del Señor.

    “Primero, debéis tener presentes dos principios básicos:

    “1. Son muchas las cosas que se pueden hacer por un ser querido para ayudarlo, pero algunas de ellas sólo Dios las puede hacer.

    “2. Además, ningún progreso puede ser duradero si no se ejerce el albedrío en una forma digna. No tratéis de anular el albedrío de la persona; el Señor mismo no lo haría. La obediencia forzada no trae bendiciones (véase D. y C. 58:26–33).

    “Voy a sugeriros seis maneras de ayudar:

    “Primero: Amad sin condiciones… Segundo: No toleréis ni aceptéis las transgresiones, pero dad apoyo y esperanzas al transgresor… Tercero: Enseñad la verdad… Cuarto: Perdonad de corazón cuantas veces sea necesario… Quinto: Orad con fe. ‘La oración eficaz del justo puede mucho’ (Santiago 5:16)…

    “Sexto: Mantened una perspectiva adecuada… Cuando hayáis hecho todo lo posible por ayudar a la persona que causa vuestra aflicción, dejad el asunto en manos del Señor y no os preocupéis más. No os sintáis culpables porque no podáis hacer más. No desperdiciéis energía en preocupaciones innecesarias. Gracias a esa perspectiva eterna, podréis encontrar más paz y felicidad, no descuidaréis a otros que tengan necesidad de vuestra ayuda y también podréis ayudar mejor a la persona… “Una sugerencia final: No deis por perdido jamás a un ser querido; ¡jamás!” (“Ayudad al ser querido que os necesita”, Liahona, julio de 1988, págs. 59–60; cursiva agregada).

     

    En una ocasión, Jesucristo le devolvió la vista a un ciego untándole los ojos con lodo (Juan 9:1–7). A Enoc, que todavía no había progresado espiritualmente lo suficiente, y por tanto estaba ciego para algunas cosas, se le mandó: “Úntate lo ojos con barro, y lávatelos…” (Moisés 6:35).